Generación del 900 A fines del siglo XIX Uruguay atravesó grandes procesos de cambios, entre ellos, la modernización del agro y las exportaciones del ovino y del lanar. Los buenos precios levantaron al país de la “crisis del 90” sin necesidad de reformar estructuras tradicionales. Durante la primera presidencia de José Batlle y Ordóñez (1907-1911) se realizaron varias reformas y obras públicas en el país, entre ellas: las obras en la usina eléctrica, la independencia del financiamiento inglés para el ferrocarril, las mejoras de los caminos de la campaña, que favoreció la producción nacional y así, se ampliaron las riquezas del país. Se produjo una expansión de la escuela secundaria en los departamentos, las alzas económicas a nivel regional y mundial, aumentaron las relaciones internacionales de nuestro país. Particularmente, Montevideo del 900 pertenece a la clase social alta. La influencia europea lo dominaba todo: paseos, casas, deportes, vestidos y alimentos. Es una ...
Marcado por un destino siniestro el novelista y cuentista, Horacio Silvestre Quiroga Forteza, n ació en Salto el 31 de diciembre de 1878. Un cúmulo de desgracias y tempestades, lo acompañaron durante sus primero años de vida. Su padre, Prudencio Quiroga, fallece víctima de un accidente de caza, deporte al que se dedicó como jefe de una familia pudiente de la época. Su madre, Pastora Forteza, lo educó junto a su nuevo compañero, Ascensio Barcos, padrastro de Horacio. Ascensio, producto de una parálisis casi total, decide suicidarse en su silla de ruedas con una escopeta, también de caza. Horacio entonces, recibió un golpe moral altísimo luego de haber apreciado este horrible hecho con sus propios ojos. Su vida continuó y realizó sus estudios primarios y secundarios en Montevideo, demostrando desde muy joven interés por la literatura y el ciclismo. Como ocurre con casi todo el mundo, el amor golpeó la puerta de este joven, y en las fiestas de carnaval de 18...
Horacio Quiroga (1879-1937) A LA DERIVA ( Cuentos de amor, de locura y de muerte , (1917) El hombre pisó blanduzco, y enseguida sintió la mordedura en el pie. Saltó adelante, y al volverse con un juramento vio una yararacusú que arrollada sobre sí misma esperaba otro ataque. El hombre echó una veloz ojeada a su pie, donde dos gotitas de sangre engrosaban dificultosamente, y sacó el machete de la cintura. La víbora vio la amenaza, y hundió más la cabeza en el centro mismo de su espiral; pero el machete cayó de lomo, dislocándole las vértebras. El hombre se bajó hasta la mordedura, quitó las gotitas de sangre, y durante un instante contempló. Un dolor agudo nacía de los dos puntitos violetas, y comenzaba a invadir todo el pie. Apresuradamente se ligó el tobillo con su pañuelo y siguió por ...
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